Por: Sergio Arévalo
Te levantas, te preparas el café. Recuerdas los pendientes y ya hasta te dolió un poco la espalda de pensar en el duro día que tienes por delante. Después le das un sorbo al café y llegan esos cinco minutos de introspección en los que recuerdas todo y nada. Y es allí cuando en las memorias aparece aquella fiesta, esa reunión en la que pasó mucho y de la que hablas poco. ¿Por qué? Porque la recuerdas para ti y porque, tal vez, solo tal vez, no quisieras que tus compañeros de trabajo, tus hijos o incluso tu pareja supieran lo que pasó.
Rafael Cabrera nos trae un nuevo libro que nos lleva de viaje a los inicios de los años setenta. Titulado “Redada en una fiesta hippie”, reconstruye la historia de una detención arbitraria ocurrida durante una fiesta en una casa de Lomas de Chapultepec y, a partir de ella, expone la represión contra la contracultura de aquella época. En esa casa había artistas, intelectuales, personajes de la política y jóvenes que difícilmente imaginaron que aquella noche terminaría convertida en noticia y, más de medio siglo después, en un libro.
Cabrera es periodista y escritor mexicano. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México y en el Centro de Investigación y Docencia Económicas. Se ha especializado en temas de transparencia, archivos históricos y registros públicos, y ha trabajado en medios como El Universal, Reforma y Animal Político. Su pasión por la investigación se nota en esta historia, en la que más de una vez podemos sentirnos como espectadores de aquella noche.
Todo comenzó con una nota periodística que llamó su atención. A partir de ella desarrolló una investigación en la que recurrió a hemerotecas, archivos y testimonios de personas que vivieron aquella redada o conocieron a quienes estuvieron involucrados. Poco a poco comienzan a aparecer nombres reconocibles, desde la actriz Isela Vega hasta personajes como Arturo “el Negro” Durazo, entre otros protagonistas de la vida pública y cultural de aquellos años.
El libro también nos recuerda que hubo un momento de nuestra historia en el que todo aquello que se saliera de lo establecido podía convertirse en un foco rojo. La prensa sensacionalista de la época —además, con un discurso abiertamente homofóbico— contribuyó a criminalizar a los asistentes, calificándolos de “pervertidos” y “delincuentes”. Las portadas de varios diarios del entonces Distrito Federal se llenaron de escándalo, acusaciones y discursos sobre aquello que supuestamente atentaba contra la moral y contra la idea de la familia mexicana.
“Redada en una fiesta hippie” nos lleva a una noche de febrero de 1971 en la que una fiesta terminó convertida en un episodio de exposición pública y persecución. Entre los nombres relacionados con aquel ambiente aparece también Alejandro Jodorowsky. Cabrera, en entrevista con quien escribe, me contó que algunas personas decidieron no ofrecer su testimonio y que otras incluso lo invitaban a desistir de la investigación.
¿Por qué? Sus razones tendrán. Y quizá allí está una de las partes más interesantes del libro. Lo que para nosotros, más de cincuenta años después, puede representar un ejemplo de represión, abuso o sensacionalismo periodístico, para quienes estuvieron allí puede seguir siendo un episodio de su vida que prefieren no volver a abrir.
Redada en una fiesta hippie es un libro entretenido y, me atrevería a decir, por momentos hasta divertido. Se disfruta con un café, pero también deja preguntas dando vueltas en la cabeza: ¿cuánto ha cambiado la prensa en estas últimas décadas?, ¿cuánto hemos cambiado nosotros al juzgar la vida privada de los demás?
Y, sobre todo, una pregunta mucho más peligrosa mientras terminamos la taza de café: ¿A qué fiesta he ido yo que, dentro de cincuenta años, podría terminar convertida en un libro?






