Por: Sergio Soto Azúa
En Game of Thrones, la frase “Winter is coming” era una advertencia inevitable. El gran cambio venía. El viejo orden iba a caer. Todos debían prepararse porque tarde o temprano el invierno llegaría.
Políticamente, durante años se construyó exactamente la misma narrativa alrededor de Morena en Coahuila.
La caída del PRI era “inevitable”.
La ola guinda iba a arrasar el estado.
El cambio ya venía.
Pero el invierno nunca llegó.
Y viendo fríamente la historia electoral de Coahuila, probablemente tampoco llegue en esta elección intermedia.
Porque aquí existe una realidad que muchos analistas nacionales siguen sin entender: Coahuila no vota igual que el resto del país.
Mientras Morena construyó poder nacional a través de una ola política e ideológica, el PRI coahuilense sobrevivió gracias a algo mucho más difícil de destruir: estructura.
Y las estructuras políticas no se derrumban en campañas de treinta días.
Se construyen durante décadas.
Por eso las elecciones intermedias en Coahuila rara vez son una sorpresa. Más bien funcionan como ratificaciones del poder estatal. Históricamente, ningún gobernador priista ha perdido el Congreso local en una elección intermedia. Ninguno.
Incluso Miguel Ángel Riquelme, probablemente el gobernador que enfrentó el escenario político más complicado de las últimas décadas, terminó ganando carro completo en 2020.
Y vale la pena recordar el contexto.
Riquelme llegó al poder en una elección cerradísima, polarizada y judicializada. Gobernó con el estado prácticamente dividido por mitades, enfrentó tensiones nacionales, pandemia, presión financiera y ataques permanentes desde la narrativa federal.
Si algún gobernador priista podía perder el control legislativo, era él.
Pero ocurrió exactamente lo contrario.
El PRI ganó los 16 distritos locales. Carro completo. Otra vez.
Entonces aparece una pregunta bastante lógica:
Si el gobernador que enfrentó el peor escenario político terminó ganando absolutamente todo… ¿por qué Manolo Jiménez habría de perder justamente en uno de los momentos de mayor estabilidad política, institucional y social que ha vivido Coahuila en años?
Ahí es donde muchas lecturas comienzan a desconectarse de la realidad.
Porque mientras a nivel nacional Morena todavía conserva fuerza como marca política, en Coahuila nunca terminó de convertirse en una estructura estatal auténtica.
Y esa diferencia lo cambia todo.
Morena en Coahuila ha sido más percepción nacional que poder local real.
Sí, ha ganado senadurías.
Sí, ha tenido diputaciones plurinominales.
Sí, logró votos importantes impulsados por López Obrador.
Pero una cosa es ganar por arrastre presidencial y otra muy distinta construir una maquinaria política capaz de dominar municipios, distritos y territorio.
Eso nunca ocurrió.
De hecho, Morena en Coahuila ni siquiera logró consolidar continuidad interna.
Las distintas tribus políticas que aparecieron dentro del partido terminaron consumiéndose entre sí. Llegaban liderazgos que poco después desaparecían políticamente. Grupos que parecían dominantes terminaban fracturados meses después. Escándalos, acusaciones, confrontaciones internas y disputas de candidaturas fueron debilitando lo poco que intentaban construir territorialmente.
Y mientras Morena peleaba consigo mismo, el PRI seguía gobernando.
Esa es quizá la diferencia más importante de todas.
La oposición en Coahuila muchas veces se convirtió únicamente en la voz del descontento, pero no en la voz de resultados.
Pueden hablar de lo que está mal.
Pueden capitalizar molestia.
Pueden subir videos indignados.
Pueden hacer campañas emocionales.
Pero no pueden presumir resultados propios dentro del estado porque simplemente no tienen gobiernos exitosos que mostrar en Coahuila.
Y eso pesa muchísimo más de lo que muchos creen.
Porque el electorado coahuilense no vota solamente desde la ideología. Vota desde la percepción de estabilidad.
La gente compara.
Ve estados gobernados por Morena con violencia desbordada, crisis institucionales, confrontación política permanente y deterioro urbano. Luego compara eso con Coahuila y toma decisiones electorales mucho más racionales de lo que algunos analistas quieren aceptar.
Hay ciudadanos con dificultades económicas, sí. Pero prácticamente todos tienen hoy un teléfono celular en la mano. Ven noticias, comparan estados, escuchan opiniones, consumen redes sociales y evalúan resultados.
Pensar que el electorado no entiende lo que pasa por el simple hecho de ser pobre es probablemente uno de los errores más arrogantes que ha cometido cierta oposición.
Además, Morena empieza a enfrentar otro fenómeno inevitable: el desgaste natural del poder.
Ya ocurrió antes.
Le pasó al PAN después de Fox y Calderón.
Le pasó al PRI después de Peña Nieto.
Y ahora comienza a pasarle a Morena.
Ninguna marca política permanece eternamente en ascenso.
La narrativa nacional comienza a desgastarse. La confrontación permanente cansa. La promesa de transformación pierde fuerza cuando el partido ya controla la presidencia, el Congreso, la mayoría de los estados y aun así muchos problemas siguen sin resolverse.
Y justamente cuando Morena entra en esa fase de desgaste nacional, Coahuila llega a una elección donde el oficialismo estatal mantiene estabilidad, estructura territorial y percepción positiva de gobierno.
Por eso el escenario más probable no parece ser solamente un nuevo carro completo del PRI.
El escenario más interesante podría ser otro: Morena dejando de ser la principal oposición política del estado.
Porque mientras muchos siguen viendo únicamente la disputa PRI-Morena, hay otro partido creciendo silenciosamente en ciertas regiones urbanas importantes: el Partido Verde Ecologista de México.
Y ahí Saltillo y Torreón serán decisivos.
Porque si el Verde logra consolidar resultados competitivos en las dos ciudades más importantes de Coahuila, podría terminar desplazando a Morena como segunda fuerza política efectiva del estado.
Y honestamente, viendo fríamente el comportamiento electoral reciente, ese escenario hoy parece mucho más probable de lo que muchos quieren admitir.
Porque al final, en Coahuila, el invierno que Morena prometió durante años simplemente nunca llegó.






