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Juan José Romero Razo. Corresponsal

San Luis Río Colorado, Son., 3 Jul (Notimex).- En pleno desierto de Altar y ante vendavales de arena, más de dos mil hectáreas son trabajadas por productores agrícolas, que transformaron el suelo inerte, en fértil con técnicas de incorporación de materia orgánica.

Este proyecto tiene por futuro su crecimiento, pero al momento ya genera trabajo para mil jornaleros agrícolas en labores de cosecha de dátiles, sandía, espárrago, cebollines, uvas y otros productos que exportan a Estados Unidos.

Las plantaciones se localizan en las inmediaciones de las comunidades de los ejidos Islita y Lagunitas, al sur de este municipio de Sonora, a las que se llega por caminos que abrieron con maquinaria en los arenales.

En los lugares, las plantas, introducidas para la actividad agrícola, contrastan con las especies vegetales endémicas de la zona desértica.

El presidente y socio mayoritario de la empresa SPR Bustamante, Parra y Asociados, José Jesús Bustamante Salcido, indicó que esta labor, además de muy interesante, «ha requerido mucho trabajo, pero ahora ya es un proyecto en crecimiento».

Al momento, alrededor de dos mil hectáreas se encuentran en producción. Todo el año hay trabajo, pero es durante la cosecha cuando más jornaleros se contratan y llegan a contratar hasta mil.

Además de palmas datileras, sandías, espárragos, cebollines, también cultivan y producen uvas, que en su mayoría adquieren en la Unión Americana, para lo cual cumplen con una alta calidad e inocuidad.

Arbustos de granadas forman una barrera rompe vientos para proteger las plantas, debido a que en el desierto de Altar los vendavales son frecuentes y fuertes.

En pleno desierto se puede observar cómo las plantaciones han requerido de una considerable infraestructura, como es pozos de agua, maquinaria, equipo, instalaciones para los trabajadores y sistemas de riego por goteo y aspersión.

Bustamante Salcido explica que para cultivar la tierra desértica se requiere la incorporación de 10 toneladas de materia orgánica tipo composta por hectárea por año, «eso cambia la estructura del suelo y convierte la tierra inerte en fértil y productiva».

De acuerdo con técnicos agrícolas de las fincas, cuando el proyecto inició, a mediados de los años noventa, esa materia orgánica, formada por desechos vegetales, se transportó de otros lugares.

Una vez iniciada la plantación, esa materia orgánica se obtiene de las mismas parcelas con los residuos de cosecha.

El ingeniero agrónomo, Rodolfo Garibaldi, observó que una buena razón para sembrar en el desierto de Altar es que, aunque en la superficie sea muy árido, «en el subsuelo existe una enorme riqueza de agua».

La cuenca subterránea es una de las más ricas posiblemente del país, además de que el agua es de alta calidad, y es recomendable su máximo aprovechamiento, por ello los sistemas de riego necesarios en un sitio con una alta evaporación, derivada del calor extremo.

Como dato curioso, los inversionistas construyeron un kiosco en una loma de arena dura, en medio de los terrenos cultivados, desde donde se puede apreciar la magnitud de este proyecto productivo.

La investigadora de El Colegio de Sonora, Ana Isabel Grijalva Díaz, destacó que desde mediados del siglo XX el gobierno mexicano aplica una política de irrigación y ampliación de la frontera agrícola, a través de la creación de distritos de riego.

En el desierto costero de Sonora se crearon los distritos de riego de San Luis Río Colorado, Caborca, la Costa de Hermosillo, Guaymas, el Valle del Yaqui y el Valle del Mayo y se abrieron al cultivo más de medio millón de hectáreas.

Entre los años 1950 y 1980 la agricultura fue la base de la economía sonorense que se convirtió en la principal productora de trigo del país, así como en importante exportadora de algodón, reseñó.

Entonces, los valles del Yaqui y el Mayo, en el sur del estado, se proyectaron como los pioneros de este tipo de agricultura intensiva y extensiva, comentó.

A partir de la Revolución Verde, el trigo y el algodón experimentaron los primeros cambios en los patrones de rendimiento, pero después las economías regionales cambiaron hacia una especialización productiva, afirmó.

Ahora pueden observarse los frutos de dicha tecnificación en la agricultura lograda en el todavía inhóspito desierto de Altar, donde además de alimentos para el país y la exportación, cientos de trabajadores encuentran la forma de llevar el sustento a sus familias.