Por Sergio Soto

El Mundial está a la vuelta de la esquina y México, como país, parece vivirlo con la misma calma con la que uno revisa el calendario sin darse cuenta de que tiene una cita importante. Pero Coahuila no puede darse ese lujo. No cuando tenemos frente a nosotros una oportunidad que no llega cada sexenio, ni cada década. Una oportunidad que podría transformar la economía regional, posicionar al estado en la conversación nacional e internacional, y dejar un legado que trascienda gobiernos.

Coahuila tiene algo que el resto del país no puede ofrecer con la misma seguridad, literal y figuradamente: tranquilidad.
Aquí sí se puede manejar, caminar, salir de noche, visitar pueblos, cruzar carreteras, disfrutar parques y regresar a casa. No es discurso; son datos. Coahuila es hoy el segundo estado más seguro del país, y en un contexto donde el mundo mira a México con sospecha, esa ventaja vale más que cualquier playa.

Y si el Mundial atraerá a millones de turistas al continente, la pregunta es sencilla:
¿Quién va a decirles que Coahuila es el lugar donde sí pueden hospedarse, comer, celebrar y descansar sin miedo?

Porque mientras la Secretaría de Turismo federal sigue sin construir una estrategia internacional robusta, a Coahuila le toca decidir si va a esperar sentado o si va a ocupar el espacio que otros están dejando libre. Y esa misión recae directamente en la Secretaria de Turismo estatal, Cristina Amezcua González, quien tiene en sus manos una oportunidad histórica: convertir a Coahuila en la alternativa segura y atractiva para el turismo mundialista que cruzará por Texas.

No se trata de criticar por criticar. Se trata de preguntar lo que cualquier ciudadano informado preguntaría:

¿Estamos ya en campañas internacionales?
¿Se han tocado puertas en aerolíneas, cadenas hoteleras, plataformas de viaje?
¿Coahuila está presente en ferias, en portales, en agendas globales?
¿Existe una narrativa clara de lo que ofrecemos?
¿Hay presupuesto extraordinario para una oportunidad extraordinaria?
¿Texas ya sabe que, a una hora de distancia, existe un estado seguro y hospitalario listo para recibir visitantes?

Porque una cosa es cierta: no basta con tener ventajas; hay que contarlas. Y hoy Coahuila está sentado sobre un tesoro que el mundo desconoce.

Lo que Coahuila puede ofrecer no es improvisado ni menor:

Vino. La vinícola más antigua del continente, rutas enológicas, experiencias únicas.
Naturaleza. Arteaga y su sierra, nieve, bosques, ríos, paisajes que parecen de tarjeta postal.
Aventura. Dunas de Yeso, zonas desérticas, espacios que no existen en ningún otro lado.
Gastronomía. La carne, el cabrito, los asados, la cocina norteña que define identidad.
Cercanía con Texas. El mayor mercado de turistas estadounidenses, a minutos.
Carreteras seguras. Infraestructura real, no promesas.
Ciudades ordenadas. Saltillo es un ejemplo nacional de estabilidad y calidad de vida.

Pero nada de esto sirve si nadie se entera.

Por eso la pregunta no es si Cristina Amezcua González está trabajando. Es si está trabajando a la altura del momento. Si está peleando el presupuesto necesario. Si está empujando convenios, campañas, alianzas. Si está construyendo un mensaje contundente en inglés. Si está tocando puertas fuera del país. Si está posicionando a Coahuila como lo que puede ser: la base segura del turismo mundialista en México.

Este no es el año para esperar. No es el año para campañas tibias ni para estrategias discretas. Es el año para levantar la voz. Para decirle al mundo que México tiene un lugar donde el turista puede dormir tranquilo, salir sin miedo, conocer, explorar, beber vino, comer bien y regresar a su hotel sin sobresaltos: Coahuila.

Mientras otros estados luchan contra narrativas dolorosas, Coahuila puede ofrecer estabilidad. Mientras otros intentan vender playas y caos, Coahuila puede vender paz. Mientras otros improvisan, Coahuila puede planear.

Pero solo si nos atrevemos a presentarnos ante el mundo.

El Mundial va a pasar. Los estadios van a llenarse y vaciarse. Los partidos se van a jugar sin importar si Coahuila participa o no en la conversación. Pero la derrama económica, el turismo, la inversión, la proyección… esas sí dependen de nosotros.

Coahuila no necesita inventarse nada.
Coahuila necesita contarse mejor.
Necesita salir, hablar, promover, insistir.
Necesita decir: “Aquí sí puedes estar. Aquí sí puedes disfrutar. Aquí sí puedes volver.”

El mundo está por venir.
La pregunta es si lo vamos a recibir como espectadores…
o como protagonistas.

Porque en seguridad ya ganamos.
Ahora falta ganar en narrativa.

Por Liz Salas