Con el ímpetu y la contundencia característica de quienes están en contra del sistema de partidos, y en particular del PRI, he leído y escuchado que en Coahuila ¡ya le toca ahora a otro partido diferente del tricolor ganar la elección! Al revisar las voces de quienes hacen este pronunciamiento, muchas de ellas, son las mismas que en el 2000, cuando el Revolucionario Institucional salió de los Pinos aseguraron: ¡El PRI ha muerto! Y 12 años después casi se infartan porque regresó. El asunto de a quién le toca, solo es competencia de los ciudadanos.
La jornada electoral del 5 de junio pasado confirmó el poder del voto y exhibió la fuerza de la alternancia como herramienta para castigar gobiernos. Desde 1997 el voto cuenta, los órganos electorales están ciudadanizados; el tricolor perdió la mayoría en la Cámara de Diputados; se ha consolidado la alternancia en los tres niveles de Gobierno; hay gobiernos divididos en lo estatal y lo nacional; el País es un mosaico multicolor y para ganar una elección, el PRI está obligado a competir, ya no tiene triunfos electorales asegurados con anticipación.
Frente a esta situación, todo partido tiene que competir para ganar sus posiciones de Gobierno, no es un asunto de “ya le toca”. También desde 1997, en Coahuila, después de haber perdido en las intermedias del doctor Montemayor, el priísmo coahuilense elige en consultas abiertas a sus presidentes de seccional, que son la base de su estructura partidaria. Así como también lo hace con sus consejeros políticos municipales y estatales. Lo que le ha permitido mantener una estructura en movilización. En dichas contiendas internas, la competencia eleva la participación de los miembros del partido, lo que les brinda un sustento social y político de base.
También hay que recordar que a partir de 1999 la elección de sus candidatos a Gobernador se ha resuelto mediante consulta a la base de militantes y de simpatizantes. De tal suerte, que no siempre los que ganaron la candidatura fueron los aspirantes del Gobernador en turno. Eso sí, siempre han ganado los mejor posicionados en la ciudadanía y en consecuencia en la base del tricolor, lo que le ha permitido ser un partido más competitivo y no ser solo electorero, con un trabajo cotidiano. Esta competencia interna, es en buena medida el éxito del PRI en este Estado del norte. Y por qué no decirlo, este factor y la desunión del PAN han sido las causas de la derrota de dicho partido.
Por otra parte, en el asunto de comparar la militancia tricolor coahuilense con las de otras entidades federativas sin analizar las particularidades de unas y otras, es muy subjetivo. Los desenlaces al bote pronto no dejan de ser muy aventurados, como la gran conclusión del 2000 cuando el PAN llega a los Pinos: “el PRI ya está muerto”.
Y resultó como el cuento más corto e icónico de Augusto Monterroso, el representante del microrelato: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. En las elecciones pasadas, del 5 de junio, además de otros factores, en Hidalgo, Zacatecas y Oaxaca, el tricolor demostró ser un partido competitivo. Dándole el beneficio de la duda al priísmo coahuilense, ¿por qué no compararlo también con el priísmo de los estados en los que ganó?
En Coahuila, a diferencia de los siete estados en que perdió el PRI, se reconoce por muchos actores sociales que los niveles de inseguridad van a la baja y que el tejido social se está recomponiendo por el trabajo que el Gobernador Rubén Moreira coordina día a día. La percepción de seguridad entre la ciudadanía va en aumento. Las personas salen a la calle sin los temores de antes. Por ello no hay que pasar por alto que solo un Gobernador con carácter puede mantener a raya a los delincuentes e impedir que éstos vuelvan a desestabilizar la convivencia social.
La generación de empleos va al alza. En este rubro ya se rebasó la meta sexenal. A pesar de la deuda pública, los niveles de obra pública son mejores que en los estados vecinos del norte. En Durango no le ayudó al Gobernador su política de no cobrar la tenencia, acciones como estas afectan las finanzas públicas y no gana votos. La infraestructura y la oferta educativa en Coahuila se ha incrementado y los niveles de pobreza han disminuido. Todo esto lo evalúan los electores y ellos decidirán en su momento a quién le toca.






