El Valle, aún vive Por: @SalvadorHV #columnistas

El libro ‘La biodiversidad en Coahuila. Estudio de Estado’,representa el primer diagnóstico integral sobre el patrimonio natural de la entidad. Provee una línea base para conocer los procesos de cambio y modificación de los ecosistemas de la entidad y establecer las acciones pertinentes para asegurar su conservación y uso sustentable en largo plazo. La biodiversidad abarca la variedad de las especies vivientes, no sólo las plantas y los animales, sino también los hongos, los protozoarios y las bacterias. También considera a los ecosistemas que alojan a las distintas especies, y a la variabilidad genética intrínseca de las mismas.

Por ello, el detrimento de la biodiversidad y el menoscaba de los ecosistemas por los modos de producción y la obtención de bienes y servicios, del siglo XXI, son una preocupación para la sociedad mundial de la que México forma parte. Si queremos cambiar las situaciones críticas o peligrosas por las que atraviesa la biodiversidad de Coahuila, es importante iniciar un círculo virtuoso en la conservación. Un sitio que debemos salvaguardar es el Valle de Cuatro Ciénegas, por su primitiva biodiversidad.

A continuación les comparto unas notas que me participaron mis amigos José María Suárez y Javier Villarreal Lozano, en relación a los primeros investigadores que llegaron a Cuatro Ciénegas. Ellos sostienen que en 1938, el Dr. Marsh -investigador norteamericano- visitó Cuatrociénegas, mientras recolectaba muestras de la vegetación, añadió muestras de la “fauna”, entre ellas una “tortuga de bisagra”. Y en 1944, Karl Schmidt y David Owens publican la lista de los anfibios y reptiles colectados por el Dr. Marsh, y en ella describen a la “tortuga de bisagra” como “Terrapene Coahuila”, pero no se percataron de que era una especie “acuática”.

Fue hasta 1958, que el doctor John Legler estudiando las tortugas mexicanas, en la Universidad de Kansas, descubrió sobre la concha de una tortuga de bisagra, del Dr. Marsh, “algas” incrustadas. Ello le extrañó sobremanera, creían que era una tortuga “terrestre”. Fue así que decidió investigar, y se trasladó, ese mismo año a Cuatro Ciénegas, con sus estudiantes. Entre los que destacaba Wendell L. Minckley, quien con la inquietud que le caracterizaba, además del trabajo de campo relacionado con las tortugas comenzó a investigar los peces del valle. Descubrió que estos también eran endémicos.

En 1959, el Dr. Minckley regresa a Cuatro Ciénegas para continuar con las investigaciones sobre los organismos acuáticos, descubriendo que muchas de las especies animales eran desconocidas para la ciencia y que esta riqueza biológica estaba amenazada por los canales de irrigación. A partir de 1960, el Dr. Minckley, promueve la investigación científica entre los investigadores de diversas especialidades y comienza un período en el que aparecieron numerosas publicaciones sobre diferentes organismos, incluyendo peces, reptiles, caracoles, crustáceos, escorpiones, plantas, estromatolitos. En uno de estos viajes Suárez y Lozano en un hotel de Cuatro Ciénegas se encontraron con el equipo de Minckley.

Minckley y sus investigadores empezaron a visitar el Valle cada año, antes de que nadie le diera el valor que hoy tiene. El 22 de junio del 2001 murió en los Estados Unidos, y su última voluntad fue que su cuerpo fuera incinerado y se esparcieran sus cenizas en ese lugar apresado en el tiempo. La familia lo cumplió el 20 de noviembre de ese año.

Antes de morir Minckley escribió una carta dirigida a los habitantes de la tierra de Carranza: “Al ver el maravilloso Valle de Cuatro Ciénegas, grandioso e inexplorado. Yo tengo un sueño también. Sueño con pozas hermosas de aguas cristalinas que hoy están, y mañana quizá ya no estarán. Sueño con una inexplicable flora que lucha contra el tiempo y la sequía y sale victoriosa. Sueño con una increíble fauna detenida en el tiempo y la historia. Sueño con algo que debió de morir hace tiempo… y aquí en el valle… aún lo veo vivo. ¿Cómo seguir soñando si mis ojos siguen abiertos, mis sentidos siguen vivos, y el Valle sigue aquí virgen y protegido, esperando que sigan estudiando el tesoro que él les alberga. Yo comencé el camino, y dejo a Uds. El andar. Sé que pronto descansaré para siempre y deseo que sea ahí…. Dentro del valle. El Valle fue mi sueño… Respeta mi sueño… Cuida mi sueño… Ama mi sueño… Y sueña conmigo”.

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