“Para esas personas que les preocupa su privacidad lo mejor es que no usen las redes sociales”. –Michael Brito.
De un buen tiempo para acá, no sabemos exactamente desde cuándo, las redes sociales se han vuelto parte de nuestra vida diaria y la privacidad ha pasado a segundo término en nuestras vidas. Vivimos en un mundo de likes, de fotografías en Facebook, estados en twitter y palomitas azules en whatsapp.
Hacemos pública nuestras relaciones, nuestros compromisos y casi siempre nuestros rompimientos. Estamos tan preocupados de nuestra imagen personal, como de nuestra imagen virtual, que queremos estar presentables para el resto del ciberespacio y estar en lo más nuevo o lo que está de moda.
Estas conexiones hicieron posible los encuentros con amigos de lugares lejanos, con compañeros de trabajo y hasta con ex parejas. Después de años sin verse, la comunicación vuelve a surgir y nos facilita el enviar cartas que anteriormente tardaban días en llegar, o las llamadas por teléfono pero sin poder ver de frente a la persona. Ahora podemos hablar con alguien en tiempo y forma y estarle viendo directamente, a través de una pantalla.
Esto ha dado lugar a que veamos con buena o mala interpretación las contestaciones por ejemplo a nuestros estados en Facebook, vemos quien nos contesta, cómo lo hace y raras veces por qué lo hace o con qué intención, nos interesa más saber si hay intención, en lugar de averiguar qué tan buenas o malas intenciones tenga.
Por ejemplo si alguien nos contesta: ¡Qué hermosa! O ¡Qué guapo! el corazón se va a millón, se sube la bilirrubina y los planes no se hacen esperar, ¡benditas hormonas que se alteran! Peor aún si se conocen por lo menos de vista. Pero luego, ¡oh decepción!, te das cuenta de que así como te dice hermosa a ti, se lo dice a muchas más y que casualmente tiene una “hermosa” de planta u oficial.
Esto también es consecuencia de la velocidad de las comunicaciones y de la poca privacidad que se tiene de la vida personal. Sin decir agua va, ya creemos tener un amigo o creemos haber encontrado el amor de nuestras vidas, cuando podría ser alguien que seguramente ni de conocido quisiéramos tener.
Las relaciones en los tiempos de whatsapp nos han negado la oportunidad de darnos un tiempo a solas, por qué lo digo. Antes si te enviaban un mensaje sólo tu sabías a qué hora y cuando te llegaba, y te podías escudar en que no lo habías visto o había llegado retrasado. Ahora con las benditas palomitas azules, si lo ves y no contestas, te estas condenando a una serie de reclamos de los cuales no saldrás tan fácilmente, y si no lo ves, pero sales en línea, también eres fuertemente juzgado por tus actos.
Y qué decir de las nuevas pruebas de amor… si me quieres, publica que somos novios/esposos/amigos con derecho, etc., si no lo haces es porque algo ocultas o no me quieres como yo te quiero a ti. Ahora ya no se pide la prueba de amor como anteriormente se decía, ahora se pide la prueba de situación sentimental.
Luego está también el otro lado de la moneda, donde las parejas aparentemente muy unidas y enamoradas, hacen público su amor, por medio de las redes sociales y suben fotografías donde se demuestran a diestra y siniestra el gran e inmenso amor que se tienen, cuando la realidad dista mucho de lo que ven los demás. A veces formamos mundos perfectos que no son reales, donde vivimos una realidad alterna a la nuestra.
Y si a eso le agregamos a los reyes o reinas del stalker, esto se vuelve un caos. Cuando algo nos interesa, nos preocupa (posible engaño) investigamos mejor que el FBI, y en ocasiones lo que encontramos no es lo que esperábamos, o puede ser peor.
Existe un sin número de personas que tienen parejas virtuales a las cuales les pagan por platicar o convivir cibernéticamente con ellos, sí, aunque usted no lo crea, los noviazgos fingidos por internet sí existen.
Estudios afirman, que desde la llegada del Facebook y el whatsapp, incontables son las relaciones que han tenido que terminar, debido a los mensajes o fotografías indiscretas que llegan a descubrir.
Una fotografía se puede dar a múltiples interpretaciones, pero, seguro es que nuestra pareja verá la peor de ellas, o si se trata de una amistad, a la cual le dijimos que teníamos otro compromiso para no asistir con ella/el, da por terminada una relación de años.
Las amistades también se pueden fracturar, el reclamo no se hace esperar y luego de unas cuantas horas todos nos enteramos del engaño atroz por el que pasó la pobre víctima, pero no de su amiga, sino víctima del tormento de vivir en los tiempos del whatsapp.
Un amigo un día me dio un consejo y creo que sería bueno compartirlo, me dijo: “Cuando estés triste o enojada con alguien, no lo publiques en las redes sociales, porque los demás no tienen por qué enterarse de lo que ocurre en tu vida personal”. Creo que de todos los consejos, este es el más acertado que me ha dado. En ocasiones, somos nosotros mismos quienes les damos el poder a las personas para lastimarnos o manipularnos, lo mejor es abstenerse de semejante trato.
Las relaciones personales, son “per-so-na-les”, propias de cada quien y los demás debemos aprender a respetarlas, recuerda que los momentos con las personas que amamos es preferible disfrutarlos, que publicarlos, para eso ya habrá tiempo, mucho tiempo más.
“Las redes sociales son como un gran evento que nunca se termina. Mientras más las usas, más te conocen”. –Xavier Báez
Y para qué son las alas, sino más que para volar…






