El furor de los videos virales de Harlem Shake, esos donde
un grupo de jóvenes se filma bailando en atuendos ridículos con total
descontrol, ha tomado por asalto los medios. 
Por medio de las redes sociales, se convoca a filmaciones masivas en
cientos de ciudades alrededor del mundo, a las cuales acuden miles de personas
disfrazadas para bailar. Chicos de todas las edades alrededor del mundo suben
decenas de miles de videos Harlem Shake a YouTube, con disfraces, escenarios e
incluso trasfondos de todo tipo, desde la acción política y activismo en Medio
Oriente hasta el márketing corporativo.
Baauer, el productor original de la canción, sacó la frase
que da título a su tema del track «Miller Lite», de Plastic Little.
Creó tanto un fenómeno mundial como un nuevo significado para la frase «Harlem
Shake» sin reparar en su significado original, disociándola así de su
contexto histórico.
Originalmente, «Harlem Shake» es un estilo de
baile originado en el barrio así llamado de Nueva York. Creado en 1981 por un
bailarín local de break-dance, Al B, Harlem Shake significaba menear los
hombros y las caderas en movimientos aparentemente espasmódicos, pero rítmicos
y armónicos. El baile cobró su nombre actual y entró de lleno en la cultura
popular en el 2001, cuando fue inmortalizado en un video musical del rapero
G-Dep. Antes de ello, se llamaba «albee» en honor a su creador.
Sirva el video viral de moda para ilustrar la
descontextualización del ser humano de su trayecto histórico.  Vamos olvidando colectivamente el largo
camino que llevamos recorrido como especie, cada pueblo a su paso y bajo su
circunstancia. Resulta difícil imaginar cómo sería la vida sin teléfonos
celulares, sin luz eléctrica, sin la Revolución Industrial, sin ciudades, sin
agricultura y sin fuego.
En un contexto más cercano a nuestra realidad nacional, los
viejos actores políticos del partido en el poder, acusados de delitos como
narcotráfico y fraude, vuelven ufanos a cargos públicos sin que existan
mecanismos que eviten su re-enquiste en el presupuesto ni oposición popular.
Examinemos el caso Elba Esther Gordillo bajo esta lupa.
Diversos analistas políticos ven en su caída un neoquinazo, refiriéndose a la
detención de Joaquín Hernández Galicia, La Quina, en enero de 1989, es decir en
el inicio del sexenio de Carlos Salinas de Gortari. Salinas, como Peña Nieto,
subió al poder entre serias dudas de un fraude electoral masivo operado desde
el gobierno. El sexenio mismo del Presidente Enrique Peña Nieto es considerado
en diversos círculos una continuación del proyecto neoliberal de Salinas.
Si argucias como aplicar toda la fuerza del Estado sobre un
otrora intocable con el objetivo de obtener legitimidad tan necesitada son tan
conocidas, ¿por qué es que la oposición no ha desarrollado medidas para
intentar contrapesar la acción gubernamental, que tantos vemos como encaminada
al beneficio de una plutocracia descarada en su codicia infinita?
La generación del Harlem Shake somos demasiado jóvenes para
recordar el salinato, los asesinatos de perredistas, la firma del TLCAN y las privatizaciones.  Quienes recuerdan esos hechos, ¿no tienen una
deuda moral con el resto de nosotros de concientizarnos, sobre lo que ya vino y
viene de nuevo; sobre todo de ser la brújula para la resistencia de la sociedad
civil organizada?
Quien no conoce la historia está condenado a repetirla. ¿Y
qué condena merece quien la conoce pero no usa ese conocimiento para buscar
evitar que las injusticias que tememos venir se profundicen aún más?
Paco Robles